La magia del color en las obras de Gaudí

Gaudí ha sido considerado uno de los grandes arquitectos del siglo XX. La luz, el color y sus volumetrías son tres características que invaden sus oníricas obras.

Tejado de la Casa Batlló

En obras tempranas de Gaudí de finales del XIX, como El Capricho o la Casa Vicens, ya se observa el interesante tratamiento cromático que llegó a su máxima expresión en las obras de su etapa más madura. Un tratamiento basado en la utilización de diversos materiales y en la colocación estratégica de pinceladas de color que transforman en gran medida el aspecto de algunas de sus construcciones. Si en El Capricho y en la Casa Vicens el arquitecto combina azulejos de colores con el ladrillo y la piedra para componer el aspecto de un tablero de ajedrez; es en su obra más colorida, la Casa Batlló, donde la libertad otorgada por Josep Batlló le permitió romper los límites y dar rienda suelta a su libertad creativa y especialmente cromática.

De este modo, al contemplar el excepcional cromatismo de la fachada de la Casa Batlló nos da la sensación de que no estamos ante un edificio corriente, sino ante una construcción onírica, sacada de un sueño. Una brillante fachada multicolor, con predominio de los verdes y los azules inspirada en el agua y que nos remite a la superficie del mar, con pequeñas formaciones de espuma que se abren paso entre los balcones y los marcos de las ventanas.

Balcones de la fachada de Casa Batlló

Son los rayos de sol del Paseo de Gràcia los que enfatizan el efecto de agua cristalina conseguida gracias a los miles de colores presentes en los pequeños discos cerámicos y en el trencadís de vidrio que recubren la fachada. Pero es esta fachada, donde también podemos ver un estanque de nenúfares en flor similares a los que el pintor francés Claude Monet llevaba realizando desde la década de los ochenta del siglo XIX.

Un mar donde todo fluye, que se remata por un sorprendente tejado de piezas cerámicas similares a las escamas de un pez, en este caso es el lomo del dragón, que oscilan entre el rosa y el azul verdoso. En la parte interior de este remate Gaudí decidió colocar trencadís de colores más cálidos: blanco, amarillo, naranja y rojo. El remate de este tejado, que evoca a la espina dorsal de un dragón, presenta una sucesión de piezas cerámicas de color verde y azul unidas por otras piezas cilíndricas de color naranja y rojo. Un variado uso de colores que lejos de resultar estridente es agradable y que demuestra una vez más el alto conocimiento de Gaudí, no sólo de las técnicas constructivas y del uso de la luz y del color, sino también de transmitir mensajes a través del color. Por ejemplo el acertado uso del verde a lo largo del trencadís de la fachada y en el tejado evoca no solamente a la naturaleza, sino que también alude a la primavera, entendido como el resurgir de la naturaleza tras el invierno. Al mismo tiempo, es también es un color que se asocia con efectos calmantes y esperanzadores. Sin duda, Gaudí tenía la esperanza de que con esta obra su nombre en el mundo de la arquitectura estuviera grabado para siempre y lo consiguió.

Azotea de la Casa Batlló

Otro aspecto característico de fachada es su dinamismo, una sensación de movimiento que consigue gracias a la ondulación que presenta en su superficie. El resultado es un mar en movimiento, cuyas aguas van y se repliegan y sigue despertando la curiosidad para convertirse en toda una experiencia emocional única en el mundo. La sorpresa se incrementa al conocer que la fachada no responde a ningún plan previo de Gaudí, sino que el arquitecto iba indicando desde la calle a sus colaboradores dónde colocar cada fragmento de vidrio llegando a diseñar, paradójicamente, una composición armónica y equilibrada que se ha relacionado con Monet, así como con las primeras abstracciones de las vanguardias rusas de Wassily Kandinsky e incluso con el improvisado dripping de Jackson Pollock.

¿Qué nos espera dentro de este peculiar mar? Entramos en un gran acuario, un fondo marino lleno de sorpresas de luz y color, entre las que sorprende el tratamiento cromático de los patios interiores de la casa, con la disposición de diversas piezas cerámicas lisas y en relieve que van aumentando progresivamente su tonalidad según se asciende, pasando del blanco en los pisos más inferiores a un azul cobalto en el superior. El resultado es un fondo marino con un equilibrio tonal de talla magistral. Otro destacado uso del color en el interior de este edificio es el suave tono gris perla de las paredes que suaviza el trencadís que las recorre y se extiende a las columnas y los techos de la Casa. Para Gaudí el color no sólo era importante en pintura, también el color propio de los materiales era sabiamente aprovechado por el genio de Reus.

Patio interior Casa Batlló Gaudí Barcelona

Pero no sólo en obras primerizas y en obras cumbre de su madurez como la Casa Batlló podemos contemplar el uso del color en Gaudí, también en edificios inconclusos como la Sagrada Familia, donde no solamente el interior deja atónito al espectador por la atmósfera de color procedente de las vidrieras, también en el exterior gracias a los puntos de color dispuestos entre las piedras de sus torres. Un uso del color que aunque criticado fue defendido por nada menos que por Salvador Dalí, llegando a afirmar: «Aquellos que no han escuchado la cromática y resplandeciente esencia de su color, la asombrosa polifonía de sus torres como tubos de órgano y el choque de su mutante naturalismo, son traidores».

Te informamos que Casa Batlló si utiliza cookies de terceros para obtener información de los usuarios que acceden a la web. Si deseas más información pulsa aquí

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar