Ildefonso Falcones: “En la Barcelona modernista convivían la ostentación y la miseria”

Tras 10 millones de ejemplares vendidos de sus diferentes novelas, Ildefonso Falcones publica "El pintor de almas", situada en los inicios convulsos del siglo XX en Barcelona, presididos por la tensión de la lucha obrera y la eclosión del Modernismo. Falcones retrata esta época a través de Emma y Dalmau, dos personajes que luchan por romper las cadenas que les impiden labrarse su propio destino, ofreciendo al mismo tiempo una visión de conjunto de las obras modernistas de la ciudad.

¿Por qué una novela ambientada en la Barcelona de principios del siglo XX? ¿Qué le ha motivado a centrarla en esta época?
Más allá del contenido propio de una novela (amor, venganza, etc.), siempre busco ubicaciones y situaciones temporales que puedan ser interesantes para los lectores. En este sentido la época del modernismo, la construcción de esos edificios modernistas, y la época tremendamente conflictiva a nivel social que se vivía en Barcelona, te da un ambiente francamente atractivo para desarrollar cualquier historia. En la Barcelona modernista convivían la ostentación y la miseria.

El protagonista de la novela es un pintor llamado Dalmau. ¿Qué distingue a este personaje?
Lo distingue su sensibilidad. Es una persona que tiene un don para la pintura, una sensibilidad especial para captar la esencia de las cosas y plasmarlas en un cuadro… Él empieza trabajando como ceramista, lo que nos permite acceder a diferentes obras modernistas ya que trabaja en ellas. De este modo podemos ir entrelazando su vida personal y sus avatares con la construcción del modernismo. También lo distingue una importante pasión por la justicia social, como existía en aquella época en gran parte de la masa obrera.

Otro personaje es Emma, una joven cocinera vinculada a la lucha obrera. ¿Qué papel jugaron las mujeres en esta lucha?
Un papel sorprendente. Cada vez que profundizas en el estudio de aquella época te das cuenta que las mujeres encabezaban las manifestaciones. Ellas iban delante y llevaban a sus hijos para proteger a los hombres, los obreros. Diría que encabezaron la revolución social y jugaron un papel esencial en la lucha por los derechos laborales.

Según sus palabras hablamos de una época de ostentación y miseria.¿Cómo se materializaba esta ostentación en la clase burguesa?
Precisamente una las grandes vías para materializar esa ostentación fue el modernismo. Hablamos de un estilo artístico que duró entre 20 y 30 años, no más, y durante esas décadas los grandes burgueses establecieron una especie de competición para ver quién hacía el edificio más bonito desde el punto de vista modernista. Fue una de las formas de la gran burguesía, de la riqueza industrial, de mostrar su poderío. Esto no solo vemos en las casas burguesas sino en instituciones como el Palau de la Música, la Sagrada Familia o el Hospital de Sant Pau… Y lo vemos también en los comercios: muchos establecimientos estaban decorados desde el punto de vista modernista. Hoy muchos de ellos se han perdido.

¿Cómo percibía la clase humilde el modernismo? ¿Era crítico con él?
Yo creo que a la clase humilde el modernismo le traía un poco sin cuidado. En la época hubo muchas críticas al modernismo, críticas feroces, pero me da la impresión que eran de la propia clase burguesa que no admitía según qué tipo de revolución estética. La clase humilde tenía bastante con luchar por tener una vivienda y por comer, simplemente por comer. Hablamos de una Barcelona en que la gente moría de hambre y eso es duro. Había miles de niños abandonados en las calles, los derechos laborales eran todavía incipientes, y los industriales y los fabricantes se los saltaban a la torera, había un trabajo casi esclavista.

La novela retrata un movimiento obrero anticlerical, ¿cuál fue la posición de la Iglesia ante la pobreza?
La posición de la Iglesia no era igual que la de hoy. La Iglesia ha evolucionado para acoger en su ayuda a cualquier persona, independientemente de su clase social, sexo, religión… Pero entonces sí que se consideraban estos aspectos: en aquella época la ayuda a los necesitados pasaba por una especie de proselitismo. Este fue uno de los grandes caballos de batalla del mundo obrero contra la Iglesia. De hecho esta situación reventó en la Semana Trágica, con la quema de 80 Iglesias en Barcelona.

¿Ve alguna conexión de la Barcelona de principios del siglo pasado con la actual?
Hasta hace poco tiempo sí, pero con la Barcelona actual es difícil de ver…. La actual creo que está en un proceso involutivo. Aquella era una Barcelona tremendamente creativa, algo que ha distinguido a la ciudad hasta hace poco. Ahora la creatividad se ha ido a otros lugares. La creatividad es un movimiento de apertura al mundo y en estos momentos estamos intentando promocionar nuestra propia cultura, nuestras propias costumbres… Barcelona y Cataluña fueron el motor de España en aquella época y han seguido siéndolo hasta principios del siglo XXI por su relación con Europa. Aquí se asumió la forma de vida de Francia, de Italia, hubo una afinidad cultural… Esto no sucedió en el resto de España, donde la sociedad era más agraria, más de terratenientes, no era tan industrial, tan abierta, tan comprensiva con movimientos como el modernismo, y eso es lo que nos distinguió como país. Hoy en día existe lo contrario: una mirada endogámica, a lo nuestro.

La novela ofrece una visión de conjunto de diferentes obras modernistas de Barcelona. ¿Qué destacaría de este movimiento?
La magia, la creatividad infinita… Es un movimiento que busca el detalle más nimio, se preocupan absolutamente por todo. El modernismo requiere un esfuerzo para comprenderlo. Otros movimientos son más claros, como el noucentisme, donde todo era clásico, recto… Aquí no. Aquí tienes que ver los detalles y después hacerte una composición de conjunto, intentar ver lo que has visto como un todo. Eso es fantástico.

¿Qué otras características destacaría del movimiento?
El modernismo era un movimiento que no fue uniforme. Por ejemplo, tú coges las 3 casas de la Manzana de la Discordia (Casa Batlló, Casa Amatller y Lleó i Morera) y no son comprables. Una es simétrica, otra es sinuosa, otra es recta… ¿Son modernistas? Sí, porque utilizan estilos antiguos y los sintetizan, los unen, los mezclan… Luego está el uso de las artes decorativas: la vidriera, la cerámica, la herrería… Todo eso es lo que las hace modernistas.

En su novela define el modernismo como materia en movimiento.
Sí, para mí eso es precisamente lo que  distinguía a Gaudí de otros arquitectos modernistas: el movimiento.

Documentándose para su novela, ¿qué ha descubierto de Gaudí que no supiera?
He descubierto un carácter que le distinguía del resto de arquitectos. Gaudí terminó siendo un anacoreta, viviendo en la Sagrada familia, solo… Yo creo que llevaba excesivamente lejos su religión. Sin embargo otros grandes arquitectos del movimiento son mucho más humanistas, como Domènech i Montaner, que era profesor, escribía libros, y dedicó gran parte de su vida a la política. De hecho, muchos de los arquitectos modernistas intervenían en política, como Puig i Cadafalch. En cambio a Gaudí lo veo mucho más retirado. Desde el punto de vista arquitectónico era un mago, un creador fantástico, majestuoso, pero desde el punto de vista humano echo en falta esa actividad humanista que vemos en otros arquitectos.

¿Y qué ha descubierto de Casa Batlló?
Aprendes sobre todo esos detalles de los que hablaba antes. Conceptualmente Casa Batlló es una maravilla, y desde el punto de vista técnico, la luz, la ventilación, la sustentación, el uso de los recursos naturales tan avanzado a su época, todo es maravilloso…. Sorprendente cómo carga las fuerzas y las distribuye, aunque creo que eso es igual en toda la arquitectura de Gaudí. Pero más allá de la arquitectura está la voluntad permanentemente de intentar controlar los elementos naturales: el viento, el peso, la luz… Si piensas en los recursos que había en la época, es tremendamente impactante.

En la portada de la edición española de la novela aparece el tejado de Casa Batlló, lo que conocemos como el lomo del dragón, ¿qué lectura tiene para usted esta imagen?
Para mi representa el modernismo. Es una portada impactante, de un color azul fantástico y la primera de mis portadas en las que sale una figura humana. Además, creo que el lomo del dragón despierta curiosidad en el posible lector. Precisamente hay un momento en la novela en la que el protagonista trabaja en la instalación de las piezas cerámicas de este tejado.

«El pintor de almas» pone en valor el modernismo, ¿cómo puede un monumento como Casa Batlló ser un punto de encuentro que ponga en valor la literatura?
Desde el punto de vista literario o de la creatividad, se pueden encontrar pocos monumentos o lugares que puedan dar pie a un encuentro creativo como el que se puede dar en Casa Batlló. Promocionar estos encuentros, no solo literarios sino de cualquier punto de vista artístico, sería maravilloso. Cuando entras en Casa Batlló te embulles de un espíritu creativo, de un espíritu de imaginación. El que entre en la Casa y no imagine, y no vea cosas que no ve en otros sitios, o que no piense en historias, es una persona cuya sensibilidad está un poco deteriorada. Tener un lugar en el que ya de entrada respires esa magia puede fomentar cualquier encuentro, cualquier tipo de trasvase de energía, de creatividad, magia o fantasía.

¿Qué le gustaría que aprendieran los lectores con su novela? ¿Con qué quiere que se queden?
Yo no pretendo que aprendan nada. Como te decía, busco una época que sea interesante para el lector y lo que ofrezco es una novela de pasión, amor, venganza, sexo, dinero… Mi única pretensión es que el lector se entretenga leyendo esta novela. Si además conoce algunos detalles de la Barcelona modernista, pues mejor. Hay muchas novelas que han tomado Gaudí como telón de fondo pero yo no; yo hablo del modernismo como movimiento artístico general, sobre todo desde el punto de vista de la arquitectura. Yo puedo dar una visión previa de lo que entiendo que es el movimiento y de las obras que existen en Barcelona, pero no voy más allá. A mí me gusta ofrecer lo que yo pretendo, y en las novelas solo pretendo el placer de leer y la diversión.

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