(Español) El ascensor de la Casa Batlló: un bello ejemplo de arte modernista

(Español) En Barcelona aún existen bellos ejemplos de ascensores modernistas de principios del siglo XX a pleno rendimiento.

(Español) Uno de los sellos de identidad de las obras modernistas es la búsqueda de la armonía y la belleza en cada uno de sus elementos. Aunque fueran elementos de uso diario como manillares de puertas o llamadores, incluso objetos del mobiliario doméstico como sillas o mesas, todo ello era conceptualizado bajo los principios modernistas y reflejaban una gran predilección por la línea curva de influencia naturalista. Pero no sólo era importante la decoración, también la funcionalidad de todos sus elementos y la incorporación de las últimas novedades constructivas. Dentro de esas novedades, los arquitectos modernistas se encontraron con la llegada del ascensor eléctrico cuyo uso se popularizó a partir de 1903.

Un invento que surgió en Estados Unidos en el siglo XIX debido a la necesidad de realizar edificios de mayor altura, pero cuyo precedente se remonta a las grandes construcciones de la antigüedad y al sistema de grúas que utilizaron para mover materiales a través de la energía humana, animal o por la corriente del agua.

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En Barcelona, según fuentes históricas, el primer ascensor se instaló en el Monumento a Colón con motivo de la Exposición Universal de 1888. Gaudí en 1904 ya diseñó un ascensor para la Casa Batlló, cuya cabina se mantiene original, pero el motor es moderno para adaptarse a las normas de seguridad actuales. También en la ciudad condal destaca el de la Casa Milà de 1906, también diseñado por Gaudí, y el ubicado en el Ateneo Barcelonés, diseñado el mismo año por el arquitecto modernista Josep Maria Jujol, colaborador personal y de máxima confianza de Gaudí que, además de participar en la fachada, decoración y mobiliario de la Casa Batlló llegó a ser el responsable de las obras de la Casa Milà.

Los dos ejemplos de Gaudí, así como el diseñado por Jujol se conforman por una cabina de madera de acabado modernista y la presencia en mayor o menor medida de pequeñas vidrieras de colores que juegan con la luz natural presente en los patios interiores de estos edificios.

Con la integración de este nuevo invento en la arquitectura modernista, Gaudí y sus contemporáneos convirtieron un elemento puramente funcional en pequeñas obras de arte que, en la mayoría de las ocasiones pasan desapercibidas.

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