casa batllo

Esa mañana la mamá de Nuria no la vistió con su uniforme. La falda gris habitual había sido cortésmente apartada en un rincón de la habitación, y cedió el protagonismo a unos pantalones con rombos en blanco y negro de tela brillante y satén. La pequeña no entendía nada, y miraba divertida a su mamá, que se preocupaba con esmero de que todos los detalles de la parte superior estuvieran perfectamente colocados. “Ay que no se nos olvide el gorrito”.
“¿Qué? ¿Un gorrito?”- Se preguntaba Nuria. De repente le llovió del cielo un curioso gorro con forma de media luna y puntas redondeadas. Su madre se lo estiró tanto hacia abajo que la cabeza de la niña se tambaleó un poquito de un lado a otro. La madre no podía parar de reír porque, cada vez que Nuria movía la cabeza, hacía un ruidito muy gracioso.
“¿Pero por qué hago ruido mamá?”, dijo la pequeña.
“Son dos cascabeles hija, mira en los extremos del gorrito. Vas vestida de arlequín. ¿Tú sabes lo que es un arlequín?”. Obviamente el silencio de la niña fue la respuesta que la madre ya conocía. “Un arlequín es uno de los personajes más importantes del Carnaval. Recibe miradas, regala sonrisas allá por donde va”.
Nuria se miró de arriba abajo. Estaba muy contenta por la misión que se le había encomendado: hacer feliz a la gente. ¡Qué divertido! “¿Sabes que la gente se disfraza con ropa de colores llamativos, se pone elementos festivos y alegres máscaras para celebrar el Carnaval?”, explicaba la mamá al nuevo pequeño arlequín.
“¿Y tú también te vas a disfrazar, mamá?”.
“Sí, y yo también”.
“¿Y el papá? ¿Y la abuela? ¿Y mi amiga Aina? ¿Y el primo Toni?”, la niña había cogido carrerilla y había iniciado una batería de preguntas llena de emoción.
“Sí, sí, sí, Nuria, todos se van a disfrazar para tu fiesta del cole”.
“¿Y mi muñeca? ¿Y los árboles? ¿Y las casas?”
La madre puso los ojos en blanco, sonrió y descansó con un suspiro mientras ponía la máscara a la niña. “No, Nurieta, las casas no se disfrazan. ¡Qué cosas tienes hija!”.
Minutos más tarde la pequeña viajaba en el autocar escolar camino de su fiesta de Carnaval. De repente, en un semáforo del número 43 del Paseo de Gracia, los ojos de Nuria se detuvieron fijamente en un enorme edificio. La Casa parecía construida de confeti multicolor, Nuria no podía dejar de mirarla. Los balcones eran como antifaces carnavalescos y, sobre todo, el tejado la dejó con la boca abierta…

¿Quieres vivir la magia del carnaval? Ven a Casa Batlló y haz de este día un recuerdo inolvidable

Casa Batlló, es la única casa que se disfraza por Carnaval, y no podemos sino emocionarnos cuando se acerca esta fiesta.

Para celebrarlo, durante los días 15, 16 y 17 de Febrero, Casa Batlló regalará a todos los que nos visiten unas maravillosas máscaras diseñadas por la joven ilustradora Sandra Suárez.(@artedemirar).

Además, con la ilusión de que hagáis volar vuestra creatividad, Casa Batlló ha organizado un divertido y original concurso de máscaras. Participa aqui!

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