Al nivel de la Planta Noble, Gaudí incorporó una gran tribuna –para ver y ser visto- que sobresale unos metros sobre el Passeig de Gràcia. Añadió también ventanales de grandes dimensiones y forma ovalada. Introdujo columnas de piedra, con forma de huesos, balcones con forma de máscaras (¿murciélagos?). El edificio está coronado por un espectacular tejado que, conformado por grandes escamas, simula el lomo de un dragón; y una torre de la que sobresale una cruz de cuatro brazos que apuntan a los puntos cardinales.
Revistió toda la fachada con trencadís de vidrio y discos de cerámica, logrando además una superficie ondulada. El resultado final está ahí: una obra desbordante, evocadora y sugerente que todos conocen y admiran desde ya hace más de un siglo. Mito o leyenda, los nenúfares de Monet, un carnaval evocado por las máscaras, el confeti, un tejado con forma de sombrero de arlequín, Sant Jordi que sobreviene por el dragón, la espada, las calaveras…